Un dulce que sabe a diciembre, hogar y tradición

Uno de los postres que huelen a infancia, a cocina lenta y a tardes de frío que se endulzan con chocolate caliente, café o infusión de canela son las perrunillas extremeñas. Se dice que este dulce tiene su origen en los conventos, donde se preparaban en días de celebraciones religiosas. 

Son galletas tradicionales coronadas con clara de huevo, típicas de la cocina que las abuelas dominan a la perfección y que transmiten a cada generación con cuidado y cariño. 

Ingredientes

  • 500 g de harina
  • 15 g de levadura
  • 250 g de manteca de cerdo (o mantequilla si prefieres)
  • 200 g de azúcar
  • 2 yemas de huevo 
  • 1 huevo entero (para barnizar)
  • Ralladura de limón o anís al gusto

Preparación

Precalienta el horno a 180ºC y alista las bandejas con papel de cera. 

Vamos a comenzar separando las claras de las yemas de los dos huevos, reservando las claras aparte. En un recipiente grande mezcla poco a poco la manteca con el azúcar, el anís y la ralladura de limón hasta lograr una consistencia uniforme y cremosa. 

Añade las dos yemas previamente batidas. Cuando alcance una textura homogénea, se agrega la harina tamizada con la levadura, hasta obtener una masa suave. Puedes ir corrigiendo la consistencia amasando con las manos hasta lograr una masa consistente, húmeda pero no muy pegajosa. Después, la dejamos reposar entre 5 a 10 minutos.

Toma pequeñas porciones de masa y forma las bolitas. Las colocas en las bandejas dejando una separación para luego aplastarlas un poco. Con ayuda de una cucharita o con el dedo presionamos el centro para hacer una hendidura. 

Vamos a batir el huevo extra para barnizar las galletas con ayuda de un pincel. Las claras reservadas se van a batir (puedes hacerlo manualmente o con ayuda de una batidora eléctrica) hasta lograr el punto de nieve. Se coloca una cucharadita de este punto de nieve en cada hendidura. Podemos decorarlas con más azúcar, dejándole un moño o aplastándolas.

Horneamos durante unos 15-20 minutos, hasta que estén doradas. Déjalas enfriar totalmente sobre una rejilla antes de probar. Guárdalas en un recipiente hermético.

El resultado: una galleta de textura crujiente por fuera y ligeramente esponjosa y quebradiza por dentro, muy aromática. Puedes servirla con vino dulce o una bebida caliente.

Dicen que cada familia tiene su propia versión. Hay quienes le ponen canela en polvo, otros almendras para decorar. Pero en todos se repite la misma esencia: un postre que no solo se saborea, sino que se recuerda. 

En estos días, cuando el aire comienza a enfriarse, hay pocas cosas más reconfortantes que un plato de perrunillas compartido con los que más quieres. Un clásico que nunca pasa de moda y que, como las mejores tradiciones, siempre encuentra su lugar en la mesa.

Somos Aytosa Studio, con mucho gusto.